| Entre picos y apuestas por ocho décadas |
| escrito por Administrator | |
| lunes, 09 de abril de 2007 | |
Por Mildred Rivera Marrero /
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Pedro Pagán hasta fue arrestado por su afición al “deporte de caballeros”
Guayanilla - “Si llega a pasar que en Puerto Rico quiten el deporte (de las peleas de gallos) nos vamos pa’l monte otra vez”. Así, tranquilamente, don Pedro Pagán Piereti, dice que no dudaría en acogerse a la ilegalidad nuevamente para seguir apostando a los emplumados gladiadores. Y es que, a sus 89 años, no está dispuesto a dejar la afición en la que se inició de niño. Tendría entre ocho y nueve años cuando su papá lo llevaba a las peleas que se hacían en los campos, aunque estaban proscritas. “Mi papá se iba todos los domingos a jugar barajas y a jugar gallos, y yo me iba con él”, recordó el utuadeño. Al crecer, se hizo soldado, fue a la Segunda Guerra Mundial, se pensionó y se fue trabajar en la fábrica de carros General Motors en Nueva Jersey. En esa compañía inspeccionaba los frenos de los vehículos. En su barrio, asistía a las jugadas clandestinas que se hacían en los sótanos. En una ocasión, en los años 60, “llegó la Policía y nos agarró. A mí me quitaron una caja de espuelas que me dieron ganas de llorar y la cuchilla (para afilar las espuelas, también) me la quitaron”. La caja de espuelas valía como $2,000, se lamentó. Varios arrestos después decidió volver a Puerto Rico y arrendó una gallera en Yauco, luego otra en Utuado y, más tarde, otra en Jayuya. “La que mejor me vino fue la de Utuado porque se hacían muchas jugadas. A los riquitos del pueblo (yo) les tenía un jueguito de póquer y ese jueguito me daba a mí $400 y $600 en una noche”, recordó entre risas. Esos eran tiempos en los que sólo se jugaba los domingos, se celebraban 35 peleas, los enfrentamientos duraban 40 minutos y los gallos se presentaban con las espuelas que les había dado la naturaleza como única arma contra la otra ave. Todo eso ha cambiado mucho y don Pedro ha sido testigo. Las galleras proliferaron y los días de pelea en la semana se multiplicaron. El tiempo de pelea fue bajando hasta quedar en los actuales 15 minutos reglamentarios. Mientras, la elaboración de espuelas artificiales fue tomando auge hasta acaparar el llamado “deporte de los caballeros”. También aumentó el dinero de las apuestas. “Ahora se juega más dinero. Antes, usted echaba un gallito y los campesinos que venían con su gallito lo echaban con $12, con $25. Ahora en Arecibo y en San Juan, las postas son de $200 pa’ arriba. Hay mucho dinero en eso”, dijo. Experto en apostar con varios jugadores a la vez y en recordar con quién contrajo un compromiso para pagar o para cobrar su dinero, don Pedro señala que también hay que tener maña para anticipar la derrota de su gallo y jugarle en contra. Y es que, aunque les tiene algún cariño a sus aves, no se aflige al verlos morir o salir heridos del enfrentamiento. A la gallera se va a apostar. “Los gallos se juegan por los chavos que se apuestan”, dice con firmeza el octogenario que sigue “castando”, criando y entrenando los gallos que, luego, jugará en alguna de las galleras que visita con sus hijos y nietos. |
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| Modificado el ( martes, 10 de abril de 2007 ) |